Entre la Autonomía y la Libertad.
- Posted by nicolas on Marzo 4th, 2008 filed in Institucional, Opinion, Servicio Colectivo
Aceptarnos y reconocernos como seres autónomos implica reconocernos como seres con la capacidad de responsabilizarnos por nosotros y nuestros asuntos. En nuestra vida como estudiantes pertenecientes a una institución de educación superior, la autonomía resulta ser una cualidad que se hace necesaria y condicionante para la correcta apropiación de los saberes impartidos.
Nuestra Universidad recientemente se apropio de la necesidad de brindar una especial autonomía a los estudiantes, reconoció la imperiosa necesidad de formar y crear personas y profesionales que sean capaces de comprometerse desde sus propias iniciativas con los proyectos y empresas que se proponen. Para esto, se reconoció en la autonomía estudiantil el camino adecuado para crear estos valores de responsabilidad que nuestra propia sociedad nos exige.
Pero no nos podemos desviar en el propósito de la bien ponderada autonomía. Cuando llegamos al punto de confundir la libertad de dirigir nuestros procesos formativos con la libertad de hacer lo que queramos comenzamos a caer en la libertad que se torna anárquica. Cuando se nos propone que la asistencia a clases ya no es un factor condicionante para la nota en las materias, no podemos llegar a pensar que la asistencia o no asistencia ya solo depende de mi libertad personal.
Es decir, al ser estudiantes y por lo tanto responsables de nuestra labor académica, nos comprometemos tanto con nuestros patrocinadores académicos (llámense padres, amigos, etc) como con una institución que será la encargada de impartirnos los conocimientos y practicas que nos ayudarán a convertirnos en lo que deseamos. Pero el compromiso más grande se adquiere con nosotros mismos, con nuestras responsabilidades y con nuestros sueños, con nuestro afectos y talentos, el compromiso moral que se adquiere al reconocerse como ser autónomo va más allá del reconocerse como libre, implica reconocerse como responsable de sus procesos de formación, ya no es el peso de la institución lo que te mueve, eres tú mismo el que se compromete a ser y a dar lo mejor posible.
Así que, no nos tomemos tan a la ligera el cuento de la autonomía, no dejemos de asistir a las clases simplemente por que ya no es obligación, reconozcamos que ante todo tenemos una responsabilidad moral con nuestros afectos y con nuestros talentos, esforcémonos por hacer de esa responsabilidad autónoma el factor que impulse nuestra formación tanto personal como profesional.









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