YA PASO, ¿QUE NOS QUEDÓ?


Imagen:www.slidedepot.com

“Tunick rompió su propio record con las tomas masivas del domingo — su record anterior había sido de 7,000 personas que se reunieron en Barcelona para posar desnudos en 2003. Tunick se ha vuelto famoso al fotografiar personas desnudas en lugares públicos por todo el mundo.”

Estoy seguro que estas 7000 personas son consientes de querer y participar como modelos en este tipo de fotografías, pero, será que ¿nuestra compañera lo quiso así, con su desnudez en la universidad?

Se han creado varias hipótesis, vacías y desinformadas, alrededor de este hecho, porque los encargados de rodar los comentarios lo han hecho con cierta irresponsabilidad y desinformación.

No entiendo cómo se puede convertir un episodio así en motivo de burla, amarillismo y bastante morbo. No lo entiendo. No entiendo cómo miles de personas siguen en contra de un proceso y un tratamiento que lo único que ha buscado, con la ayuda de sus padres y médicos, es contrarrestar los puntos críticos de esa realidad paralela que vive nuestra compañera por algunos espacios de tiempo.

Qué cantidad de comentarios por facebook, que decir de las 50 mil vistas y algo más que ha recibido el video hasta el momento en Internet; ¿será que si fuera su hermana o su novia le sería igual de indiferente hacer parte de esa cifra de visitantes? No creo, como tampoco creo en que esta estudiante estuviera  consciente de lo que pasaba a su alrededor, cuando miles de estudiantes -dignos profesionales del mañana la alentaban- estimulaban para que les brindara un rato de espectáculo, para otros, un rato de esparcimiento y locura.

Muchos lo toman como una protesta, otros como el resultado de una buena fumada; hasta quienes aseguran les gustaría tener esa personalidad para convertirse en centro de atracción y robarse las miradas, personalidad que en muchos casos se puede ver vulnerada en todos nosotros, cuando se presenten diferentes estados de ánimo, problemas, alegrías, fracasos o tristezas que se convierten en estímulos para tocar directamente nuestros y sentimientos explotar de alguna forma, por eso cuando estamos “down”, o “en la mala” nos refugiamos en amigos, fiesta, o en reevaluar nuestras acciones para de cierta forma superar esa crisis.

Sandra Guzmán, sicóloga de nuestra universidad, afirma que el episodio de la estudiante no fue “ni una protesta, ni un espectáculo”, como se ha tomando, fue una manifestación de esa realidad paralela que vive nuestra compañera en algunos momentos y que lo único que buscaba era compartir un ritual, el cual merece todo el respeto y preparación por parte de ella y una motivación por parte de los espectadores. Esa voz de aliento hubiera podido cambiar las cosas y hacer menos traumática la situación si hubiera sido diferente el comportamiento de ese público sediento de espectáculo.

Desafortunada o afortunadamente para algunos, toda esta situación no podía ser evitada por las personas de seguridad, porque se hubiera presentado una actitud no deseada por parte de ella, sumándole a esto el trauma que se le crearía como consecuencia de no haber conseguido el objetivo de su ritual por culpa de un tercero.

El evento ya pasó y sería bueno detenernos y pensar más fondo hasta dónde llegamos con nuestros actos, comentarios y opiniones; seguramente nuestra compañera volverá a estudiar ya que después de superada la crisis con la continuación del tratamiento y un manejo adecuado por parte de su familia, médicos y universidad, podrá seguir con sus actividades normalmente.

Los que nos encontramos vacíos somos nosotros, al permitir que hechos así pasen y generen en nosotros mismos este fenómeno sin tener la más mínima solidaridad con una persona y una familia, que en un futuro puede ser aún más cercana a nosotros.

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